Edificacion

viernes, 25 de diciembre de 2009

Las raíces del Cuarto Evangelio


Para conocer mejor al grupo, guardián de la tradición joánica, tenemos un único camino: el cuarto evangelio. Partiendo del libro como lo tenemos en el canon de las Escrituras, buscamos hacer un recorrido regresivo hasta, si lo conseguimos, llegar a los orígenes de su testimonio. Han sido elegidos tres sectores de investigación : la formación literaria, el objetivo y los destinatarios de la obra, y al fin un paralelo con los sinópticos, permitiendo así destacar las particularidades del libro. En la última parte de este artículo, se intenta recoger todos los indicios que se hallan en la investigación y presentar una posible reconstitución de la obra, que hace también aparecer la comunidad de la cual nació: la escuela joánica.

To become acquainted with the group which graded the Johannine tradition we have only one path: the Fourth Gospel. Starting with the book as we have it in the canon of the Scriptures we try to trace a regressive course to reach, if possible, the origins of its witness. Three areas of research were chosen: The literary formation, the objective, and the audience of the work. And finally, we draw the parallel with the Synoptic Gospels, which allows us to lift out the particularities of the book. In the last part of the article we try to gather up the indications found in the research and to present a possible reconstruction of the work which shall make available also the community in which it was born: the johannine school.


Introducción

Plantear un tema de esa magnitud, en el contexto de un artículo, parece querer mostrar más de lo que en realidad somos capaces. Para llegar a las raíces del cuarto evangelio, o sea, al lugar sociológico y teológico que le dio origen, sólo tenemos un camino: el mismo libro. Hoy, todos los biblistas críticos, sobretodo los estudiosos del cuarto evangelio, reconocen como casi imposible reconstruir la historia literaria del libro atribuido a Juan. El abanico amplio y variado de las hipótesis y soluciones presentadas hasta hoy está para convencernos de esa afirmación. Por eso aquí vamos a intentar ofrecer algunos indicios que pueden servir a una reconstrucción hipotética de la historia y así aproximarnos a sus orígenes. Al igual que en una novela policíaca iremos por pruebas, sospechas, indicios y, partiendo de los resultados obtenidos, nos arriesgaremos a dar las diferentes etapas posibles de redacción del libro atribuido a Juan hasta, quizás, poder llegar a lo que ha sido el evangelio del discípulo amado antes del 70.

Para este trabajo, elegimos tres sectores de investigación: la formación literaria actual, el objetivo de la obra (¿porqué fue escrita y para quién?) y al final sus similitudes y particularidades en la confrontación con los sinópticos. En la última parte de este artículo presentaremos las posibles etapas de la formación de la tradición joánica del 130 d.C., volviendo a los orígenes. ¿Por qué 130? Sabemos que en 1935, en Manchester, fue publicado el papiro “Rylands griego 457”, comúnmente llamado P 52. Ese documento reproduce fragmentos de Juan 18,31-33 y 18,37-38, en una escritura que puede ser fechada del primer cuarto del siglo II (100-125). Es el documento más antiguo que se tiene del evangelio de Juan e incluso de los manuscritos del Nuevo Testamento. Ese papiro testifica la presencia, en Egipto, del cuarto evangelio inmediatamente al inicio del 2º siglo de nuestra era. Por eso, desde ya consideramos el inicio del 2º siglo como la época más probable para la redacción definitiva del Evangelio de Juan. Nos resta ahora investigar los 70 años que separan esa redacción definitiva del evento de ¡Jesús de Nazaret!, que él presenta. Es el motivo que nos lleva también al final a seguir una cronología regresiva: partiendo de la obra que tenemos hoy y que era la obra ya presente en Egipto alrededor de 120 d.C., cuáles son las etapas sucesivas de la vida, no solamente del libro, sino también de las personas del medio, de las cuales él salió, acompañando así, tanto la historia, literaria como la historia de la propia comunidad.

1. Forma literaria

El texto que se nos presenta hoy, es un texto de una cierta unidad en cuanto a su vocabulario y sus reflexiones teológicas. Pero cualquier lector nota pronto que el escritor de tal obra no ha sido único o al menos no escribió su libro de una sola vez. El libro de Juan es el resultado de una historia redaccional muy larga, durante la cual varias manos ayudaron a crear esa obra. Al leer el texto, nos encontramos con añadiduras explicativas o doctrinales, con rupturas y hasta contradicciones.

1.1. El capítulo 21

En ese aspecto de la investigación el elemento más claro es sin duda alguna el caso del capítulo 21. Mientras el libro termina en el capítulo 20,30-31, con una conclusión que al mismo tiempo revela el objetivo del libro, el texto actual nos ofrece todavía un capítulo, narrando la última señal de Jesús: la pesca maravillosa. El libro presenta en total siete señales que encuentran su sentido pleno en la octava que es la cruz, donde Jesús es glorificado, eso es, reconocido en la gloria, por lo tanto, en su divinidad. La señal del capítulo 21 viene a desarreglar esa construcción, sin que podamos afirmar como algunos comentaristas, que haya sido un simple desplazamiento de una parte de la obra a otro lugar. Realmente el capítulo 21 fue añadido a una primera redacción del evangelio, porque había necesidad de actualizar el texto con las nuevas situaciones vividas por la comunidad. Así, el capítulo 21 termina con una conclusión muy bien elaborada, en la que encontramos un indicio interesante respecto al medio de donde viene surgiendo ese último capítulo. Podemos leer Jn 21,24: ¡Sabemos que su testimonio es verdadero.! Ese ¡sabemos! viene de un grupo que hace auténtico el testimonio del discípulo amado. Ese mismo grupo ¡nosotros! aparece también en Jn 1,14.16.17. Detrás de ese ¡nosotros! está la comunidad que se responsabiliza por la autenticidad de todo aquello que se encuentra escrito en el libro. Se trata no sólo de un redactor o mismo actor, sino de un grupo de personas en el seno de las cuales el testimonio sobre Jesucristo se proclamó, guardó y profundizó delante de las diferentes necesidades de actualización. Todo indica que ese testimonio del discípulo amado se transmitió a la comunidad de forma oral. También de forma oral, por las necesidades catequéticas y misioneras, se retomó, explicitó, explicó y por eso se aumentó en su presentación y forma literaria, como también en su contenido. Los exégetas, hoy día, llaman a ese medio ambiente, en que nació y se desarrolló el cuarto evangelio, ¡escuela joánica!. Es un lugar, en donde la tradición cristiana se transme por la enseñanza, un lugar en donde esa tradición se concentra a veces en producción literaria. Es una escuela teológica, no de gabinete, sino en la vida, en donde la tradición se elabora en discursos teológicos para responder a los cuestionamientos siempre nuevos, con los que las comunidades se confrontan en su día a día. Resumiendo, es un lugar, en donde los fieles hacen la experiencia de lo que nos relata el propio evangelio: ¡Pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, os lo enseñará todo, y os recordará todo lo que yo os he dicho! (Jn 14,26). Agustín, el obispo de Hipona, solía comentar ese versículo afirmando que así se puede llamar el Espíritu Santo de ¡inteligencia y memoria del cristiano!. El evento ¡Jesús de Nazaret! es releído constantemente a la luz del Espíritu que hace avanzar a la iglesia, pues la interpela y cuestiona en la realidad histórica en que se encuentra inserta y así la obliga a actualizar su mensaje.

1.2. Las rupturas

Esa relectura constante provoca rupturas literarias numerosas en el libro de Juan. Citaremos aquí algunos casos más característicos.
Al final de Jn 14,31 encontramos esa orden de Jesús: ¡Levantaos, vámonos de aquí! Ahora bien, luego sigue la alegoría de la vid y las palabras del Maestro sobre la convivencia comunitaria y las persecuciones por parte de los enemigos. Aún después encontramos la llamada ¡oración sacerdotal de Jesús!. Estamos percibiendo aquí una ruptura en la secuencia del texto. Inicialmente es muy probable que al fin del capítulo 14 el texto continuaba en el capítulo 18. Esa ruptura se dio por inserción de una nueva reflexión, una nueva profundización, probablemente provocada por problemas internos y externos a las comunidades.
En Jn 12,37-43 leemos la conclusión general del libro de las señales. Fueron posteriormente añadidos los v. 44 a 50 para desarrollar el tema de la incredulidad de los líderes judaicos.
Existe también una ruptura entre el capítulo 5 y 6. El discurso de Jesús hasta el fin del capítulo 5 se da en Jerusalén, en el momento de una fiesta después de haber curado (¡limpiado!, dice el texto original) a un paralítico. Pero el capítulo 6 inicia de la siguiente forma: ¡Después de esto, se fue Jesús a la otra ribera del mar de Galilea, la de Tiberíades! (Jn 6,1). Si fuera ¡después! del discurso en Jerusalén, no sabemos cómo, por qué o cuándo Jesús volvió para la Galilea y mucho menos lo que hizo o enseñó de este lado del mar, antes de irse a la otra orilla. Muchos comentaristas de Juan piensan que aquí estamos delante de una ruptura provocada o por una inserción de un nuevo texto en el anterior, o por un desplazamiento de partes narrativas en una nueva perspectiva de orden literario. Lo que también es interesante notar aquí es la denominación geográfica: ¡el mar de Galilea, el de Tiberíades! (Jn 6,1). Sólo en el libro de Juan encontramos ese tipo de identificación para el lago de Genesaret: mar de Tiberíades (Jn 6,1; 21,1). Esa identificación es un indicio para fechar el origen del texto, ya que en la época de Jesús, el tetrarca Herodes mandó edificar la ciudad de Tiberías, pero pronto hubo rechazo por parte de los judíos, principalmente los fariseos, por ser la ciudad construida en parte sobre un antiguo cementerio. Más tarde la ciudad se declarará ¡pura! y después del 70 se constituirá en el centro principal de la vida nacional y espiritual de los judíos (lugar de origen de una de las versiones del Talmud y sede de la escuela de los masoretas y tannaim). En ese contexto geográfico así definido, el texto habla también de la fiesta de la pascua como la fiesta de los judíos, marcando así una cierta distancia entre el judaísmo oficial y la comunidad.

1.3. Las anexiones

Provocando rupturas literarias, las anexiones también vienen a interrumpir la secuencia lógica del texto para explicitar o añadir una reflexión respecto al tema expuesto. Vimos ya el caso del final del capítulo 12, donde los v. 44 hasta 50 explican lo que ocurre con los incrédulos que no aceptan reconocer la gloria de Yahveh a través de las señales realizadas por Jesús. En esa misma anexión encontramos también una precisión en cuanto a la visión escatológica de la comunidad. Con el pasar del tiempo, las comunidades tuvieron que profundizar y actualizar su reflexión sobre ese tema tan importante. ¿Cuándo llegaría el último momento, el último día? ¿No había sucedido con la venida del Mesías? ¿Él mismo no había prometido que habría de volver en breve? Pero el tiempo va pasando y las comunidades están en la lucha diaria sin perspectiva del Día del Señor. Ahora se trata de explicar ese retraso. La palabra ya vino y vino como criterio de juicio. Pero ese juicio sólo será proclamado en el último día, día de juicio que todavía tiene que venir. Por eso, en ese tiempo intermedio hay siempre posibilidad de convertirse, de creer en la palabra de Jesús, que viene del Padre, y que es transmitida por la comunidad partiendo del testimonio del discípulo amado.
Las anexiones pueden también explicarse como en Jn 19,3-36, donde percibimos que los v. 34 y 35 fueron añadidos para reafirmar la autenticidad del testimonio. En el episodio del ¡lavatorio de los pies! nos encontramos con dos explicaciones del gesto de Jesús, las cuales fueron yuxtapuestas: Jn 13,6-11 y Jn 13,12-17. La primera enfoca la participación de los discípulos en la condición del Maestro: estar puro es estar en comunicación con el Señor. La segunda insiste sobre el gesto como kénosis o sea el Maestro y Señor se rebajó al punto de lavar los pies de sus discípulos, así deben actuar ellos si quieren encontrar la verdadera felicidad.
Otras adiciones explicativas revelan un cambio en cuanto al ambiente cultural, por lo menos de los destinatarios del libro. Por ejemplo, en Jn 1,41-42, las palabras mesías y cefas se traducen para personas de cultura griega: Cristós y Petrós. De la misma manera en Jn 4,9b se nos explica que los judíos no se llevan con los samaritanos, y así podemos entender mejor el sentido profundo que tiene ese texto y ese mensaje de Jesús.
También, en Jn 4,2, recibimos una información que viene a precisar aquello que se nos narró en Jn 3,22. En el orden cronológico de los acontecimientos, es probable que Jesús de hecho, al modo de Juan, bautizó, pero esa práctica se atribuyó más tarde únicamente a los discípulos, por motivos que pueden ser relacionados con los problemas entre las comunidades joánicas y las comunidades de los bautistas.

1.4. Conclusión

¿Hasta dónde nos llevó esta primera investigación del texto?
En primer lugar, podemos aceptar la hipótesis de una escuela joánica, por lo tanto de un grupo-autor. En el seno de esa escuela, el actual cuarto evangelio se fue elaborando en base de relecturas constantes que se pueden constatar hasta en la forma literaria del texto mismo. Él lleva las marcas de enmiendas y suturas.
En segundo lugar, la obra literaria tiene sus raíces en una tradición oral que fue elaborada, partiendo de las necesidades catequéticas y misioneras. Es este aspecto el que nos gustaría plantear ahora, intentando, siempre partiendo del libro, mencionar los grupos con quienes la comunidad está dialogando.
Para que una palabra sea entendida, debe ser pronunciada en la lengua de los que la escuchan. Determinar las afinidades culturales de un texto es llegar más cerca de su medio de origen y de difusión. La predicación es influenciada por el predicador, pero también por aquellos a quien se destina. La palabra no cae de un cielo abstracto hacia un auditorio incoloro, sino que se produce un fenómeno de ósmosis.

2. El objetivo del libro

Para conseguir llegar a esos grupos, con los que el libro y, detrás de él, la comunidad está en diálogo, existe un camino posible: buscar las motivaciones que llevaron a guardar oralmente y después por escrito el testimonio del discípulo. Si nos referimos a la conclusión dada en Jn 20,30-31, constatamos que el objetivo del libro fue la fe en vista de la vida eterna. En realidad, pocas veces Juan emplea el substantivo ¡fe! (pístis), pero 98 veces él utiliza el verbo ¡creer! (pisteúein). La fe no se encierra en una actitud definitiva, sino se desarrolla en un proceso dinámico.
Como adhesión a una persona, la fe es sujeta al cambio, a evoluciones y profundizaciones. Es una actitud viva. El texto es bien claro en ese sentido: ¡Éstas han sido escritas para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios! (Jn 20,31a). Se siente, por lo tanto, la necesidad de confirmar la fe de los miembros de la comunidad, quizás probados por la persecución, pero seguramente conmovidos por doctrinas, interpretaciones, ideas innovadoras que toman cuenta de las comunidades y hacen difícil la confesión de fe. Ahora bien, es solamente en la proclamación de la fe en Jesús, el Cristo, el Hijo de Dios, que se puede encontrar la vida plena (la palabra vida vuelve 36 veces en el libro). Esa es la preocupación del autor. Si estuviera apartada de la fe verdadera, la persona se aparta también de la fuente de la verdadera vida. La comunidad necesita volver a oír la proclamación de la fe. La primera carta de Juan nos aclara sobre esos posibles desvíos, cuando nos dice: ¡Salieron de entre nosotros, pero no eran de los nuestros. Si hubiesen sido de los nuestros, habrían permanecido con nosotros! (1 Jn 2,19a). La comunidad enfrenta un problema de divisiones, sufre una escisión que exige una confirmación de la fe.
Ya con la conclusión del capítulo 21, estamos situados dentro de otra problemática. La comunidad se hace portadora del testimonio de los discípulos y por su parte tiene que mostrar ese testimonio, lo que forma un vocabulario muy característico también del cuarto evangelio (martyrein 33 veces); martyría 14 veces). Por ejemplo, desde el comienzo del libro se nos explica que Juan no se caracteriza por el hecho de bautizar, sino por el acto de testimoniar (Jn 1,7.15.19.32; 3,32-33). Así también, el discípulo enseñó un testimonio que la comunidad tiene la misión de transmitir. Por eso no podemos afirmar, como algunos intérpretes de Juan todavía hacen, que el cuarto evangelio está únicamente dirigido a los problemas específicos de la comunidad, que él es un libro intimista y poco involucrado en los problemas de la realidad. El libro, por el contrario, procura fortalecer la fe de los cristianos, para que ellos puedan continuar firmemente su misión de testigos de Jesucristo, Hijo de Dios, y única fuente de vida plena. Pero ¡esos! que salieron de entre nosotros ¿por qué no son de los nuestros? ¿Qué grupos obligan a la comunidad a fortalecerse en el testimonio recibido?

2.1. La gnosis

Ya al final del siglo I las ideas gnósticas están bastante difundidas, pero todavía no existe una sistematización, sino solamente una visión e ideas que invaden poco a poco las maneras de pensar de la época. De ese pensamiento que se basa en el dualismo griego de espíritu y materia y en la necesidad de tener un intermediario entre la humanidad y la divinidad, surgen varias teorías ¡teológicas!. Y algunos grupos también empiezan a querer releer el evento ¡Jesús de Nazaret! con los conceptos gnósticos. Una vez más la Primera Carta de Juan nos informa sobre este problema. Es posible que la escuela joánica quiso expresar el mensaje evangélico en un vocabulario propio de los gnósticos, pero, si lo hizo, fue para reforzar delante de la gnosis las afirmaciones de fe, como la creación, la redención, que son obras del mismo lógos (vea el prólogo de Juan, Jn 1). Y aunque el creyente no sea de este mundo, se le invita a vivir en este mundo. El cuarto evangelio también insiste en la encarnación como realidad histórica e inseparable de la persona de Cristo: Él realmente asumió una carne y ¡puso su Morada entre nosotros!. El pensamiento gnóstico tiene sus orígenes, entre otros lugares, en la Siria del siglo I. Círculos heterodoxos del judaísmo participaron en el surgimiento de ese tipo de pensamiento.

2.2. El judaísmo rabínico de Jamnia

No hay duda que la reflexión teológica de la escuela joánica también entra en diálogo con el judaísmo oficial que se reestructura en la Academia de Jamnia, a partir de los años 80 d.C. Cuando el texto presenta la incredulidad de los ¡judíos!, que llega hasta la conspiración contra la vida de Jesús, el grupo que se identifica como ¡judíos!, son los líderes del pueblo que, después de la guerra de 70, son esencialmente los fariseos. Son ellos quienes reorganizan la comunidad judaica, principalmente en Palestina, conmovida y desintegrada por la destrucción de Jerusalén. El texto evangélico se refiere a la expulsión de los cristianos de las sinagogas (Jn 9,22; 12,42; 16,2). Esa actitud se tomó por el judaísmo oficial de Jamnia, al introducir en las 18 bendiciones la siguiente oración: ¡Que no haya esperanza para los herejes y que el reino de la blasfemia sea extirpado en nuestros días. Que los nozrim y minim desaparezcan de inmediato. Que ellos sean borrados del libro de los vivos y no sean inscriptos entre los justos. Bendito seas Tu, Señor, que sometes a los orgullos.! Os nozrim aquí citados son los discípulos del profeta Jesús de Nazaret, también llamados de nazaroi o nazarenos.
Como hemos visto, las regiones de Tiberíades y de Siria (Antioquía) serán de aquí en adelante los centros espirituales del judaísmo. Allá también la escuela joánica presenta a Jesús y su mensaje dentro de un cuadro de reflexión que pueda ser entendido por los judíos. Todo lo que era de la Antigua Alianza, fue destruido, pero poco importa, pues en Jesús todas las instituciones del Antiguo Israel encontraron su pleno sentido: ley (torah), fiestas, templo, y hasta la historia del Pueblo: patriarcas, éxodo, profetismo, sabiduría… Jesús es ahora la única referencia para caminar con Dios y hacia Dios. En esa perspectiva, el redactor quiere distinguirse del grupo judaico, no por discriminación, sino para provocar el reconocimiento de Jesús como Mesías. El texto, por ejemplo, habla de la fiesta de los judíos (Jn 2,13; 6,4; etc.), de su ley, marcando así la distancia existente entre los dos grupos. Podemos notar la relectura que se hizo del texto ya existente a partir de ese nuevo acontecimiento. Aún más, debe haberse dado una reorganización del texto, en un esquema basado en las fiestas de los judíos, que en el texto actual suman seis, o sea, el número de la imperfección. Al final, es interesante notar que en el cuarto evangelio, además de los temas específicos del judaísmo antiguo, como el cordero pascual, el maná, el pastor o las fuentes del templo, existen también referencias a los libros deuterocanónicos, como el libro de la Sabiduría o el Eclesiástico (Sirácida). Eso revela una proximidad también de los círculos heterodoxos del judaísmo.

2.3. Los esenios y Qumrán

El año 1947 fue muy favorable para los estudiosos de la Biblia. Con el descubrimiento de los documentos en las grutas de la región de Qumrán y las ruinas del ¡monasterio! de los esenios, fueron apareciendo nuevas hipótesis, principalmente en lo que se dice respecto al Nuevo Testamento. Así, el autor del cuarto evangelio pasa a ser un esenio cristiano que busca hablar de la fe en Jesús con el referencial teórico de los esenios, utilizando el dualismo del bien y del mal, de la luz y de las tinieblas, de la verdad y de la mentira, de la vida y de la muerte… Pero, si el vocabulario es muy semejante, la inspiración fundamental de los dos está muy lejos la una de la otra. Para el Maestro de Justicia, toda su reforma es centralizada en la Ley de Moisés y pretende crear un grupo de ¡puros!, aislados de los hijos de la iniquidad. Juan, al contrario, nos revela al Padre en Jesucristo e invita a todos a hacerse hijos e hijas de Dios por la adhesión de la fe (Jn 1,12-13). Puede ser, que el autor del cuarto evangelio empleó el vocabulario esenio para dialogar con los miembros de la secta. ¿El mismo o algunos de la escuela joánica habrían sido anteriormente miembros del grupo esenio? Lo que podemos constatar es que el texto presenta trazos de relectura hecha en esa perspectiva. De otro lado sabemos que la comunidad de Qumrán fue destruida en la época de la guerra de los judíos contra Roma y que el grupo no sobrevivió a los acontecimientos del 70. ¿Fue en esa oportunidad que miembros de la secta entraron en las comunidades joánicas? ¿Dónde se dio ese encuentro o esa confrontación? ¿En Siria, donde muchos grupos judíos heterodoxos encontraron refugio? Hay indicios, pero bastante frágiles.

2.4. Los bautistas

En el cuarto evangelio existe un buen número de narraciones que relatan la función de Juan el Bautista (Jn 1,6-8.15.19.39; 3,26-30; 5,33-36; 10,41) e insisten en el hecho de ser él un simple testigo o aún, como el texto lo expresa, ¡una voz (preparando)… el camino del Señor! (Jn 1,23). Esos textos revelan una tensión, quizás un conflicto entre los grupos seguidores del Bautista y las comunidades joánicas. Ahora bien, los grupos bautistas están bien representados en la Siria-Palestina del siglo I y hasta en Asia Menor (Hch 19,1-7). Ellos reconocen al Bautista como el Salvador escatológico y afirman que el más grande es aquel que vino primero: Juan el Bautista. Sabemos que, aún conforme al cuarto evangelio, los primeros discípulos de Jesús fueron discípulos de Juan (Jn 1,35). Es necesario confirmar la fe de las comunidades, principalmente delante de los grupos bautistas que todavía identifican al Mesías con la persona de Juan el Bautista.

2.5. Conclusiones

Es difícil de evaluar las diferentes influencias que hubo en el libro de Juan. Podemos constatar un firme arraigo en las tradiciones bíblicas comunes al judaísmo, sea ortodoxo u oficial, sea heterodoxo. El dualismo moralista de los esenios también está presente, como una influencia de las ideas gnósticas. ¿Pero qué es lo que esos indicios revelan exactamente? ¿Una confrontación de la escuela joánica con diferentes culturas y visiones de pensamiento? ¿Un intento de presentar la persona de Jesús, su práctica y su mensaje a diferentes grupos en búsqueda de vida, de sentido de vida? ¿Es una profundización de la fe para cristianos que pasan por crisis, persecuciones, desilusiones? Sin duda estamos delante de una obra que es el resultado de una constante actualización, es fruto de una tradición en movimiento. El texto es obra de personas que profesaron su fe, no en la repetición de fórmulas sagradas, pero estáticas, sino en el empleo de palabras e ideas que expresaban, la búsqueda, las esperanzas e incertidumbres de toda una humanida, sedienta de encontrar en su historia un camino, una verdad que llevasen a la vida plena. Como hemos visto, el texto hoy se ofrece a nosotros con varios substratos literarios de épocas y circunstancias diferentes. ¿Cuál es el núcleo original? ¿El texto original? Todavía estamos lejos de una respuesta clara y segura. Por eso vamos ahora a intentar identificar lo que hay en común entre los sinópticos y el cuarto evangelio y lo que le es peculiar.

3. El cuarto evangelio y sus particularidades

3.1. El cuarto evangelio y los sinópticos

Si comparamos nuestro Evangelio de Juan con los sinópticos, inmediatamente, a primera vista, todo en este libro parece ser diferente: la organización que rompe con el esquema tradicional (Jesús va varias veces a Jerusalén y así el ministerio de Jesús en Judea es valorizado); faltan en el cuarto evangelio apelaciones a la conversión como preparación a la venida del reino; la transfiguración, el discurso de la montaña, el Padre Nuestro, etc. Hasta la eucaristía y la agonía se encuentran en situaciones diferentes, respectivamente en el capítulo 6 y 12. En Juan, Jesús no se encuentra con publicanos ni leprosos o endemoniados. ¿La obra joánica tendría otra fuente? ¿otra historia literaria?
En su narración, el cuarto evangelio posee en común con los sinópticos algunos testimonios como: la expulsión de los mercaderes del templo, la multiplicación de los panes y Jesús andando sobre las aguas, la confesión de Pedro (pero en otros términos, ya que la confesión de fe más próxima de los sinópticos no está en la boca de Pedro, sino de Marta en Jn 11,27), la entrada mesiánica en Jerusalén, la unción en Betania y, de modo más próximo, la narración de los acontecimientos desde el huerto de Getsemaní, hasta las mujeres en la tumba. El cuarto evangelio sólo alude al bautismo (Jn 1,32-34), y la vocación de los primeros discípulos se da de forma totalmente diferente, aunque Pedro y Andrés, como en los sinópticos, sean los primeros que fueron llamados. ¿Estamos aquí delante de una fuente común a los evangelistas? ¿Una fuente arcaica que todos conocían y que dio el esquema fundamental, a partir del cual cada uno con sus comunidades fue a releer la actividad mesiánica de Jesús? ¿Juan tiene en sus fuentes uno u otro de los sinópticos? Si fuera el caso, sería necesario mirar hacia Lucas. El profesor Osty constató más de 40 puntos de contacto entre Lucas y Juan, principalmente en el libro de la pasión, muerte y resurrección1.
Una cosa parece segura: hay en el cuarto evangelio un predominio del ministerio de Jesús en Judea, y de modo especial en Jerusalén. ¿Debemos pensar aquí en el discípulo amado? ¿En el otro discípulo? Lo que es evidente es que la referencia al discípulo amado sólo se da a partir del capítulo 13, por lo tanto cuando Jesús está en Jerusalén y va a sufrir su pasión y muerte (Jn 13,23; 19,26; 20,2.8). Esa presencia se dará también de forma mucho más fuerte en el capítulo 21. En cuanto al ¡otro discípulo! (Jn 1,37.40; 18,15), ¿puede ser identificado con el discípulo que Jesús amaba? No necesariamente, pero él nos ofrece otro indicio: él era conocido del Sumo Sacerdote. ¿Es un habitante de Jerusalén? ¿estaría él en el origen de los recuerdos y testimonios sobre Jesús?

3.2. Las particularidades

Si admitimos las relecturas sucesivas provocadas por las nuevas situaciones vividas por las comunidades, podemos entonces deducir que esas relecturas produjeron discursos, reflexiones y hasta reelaboración en la organización literaria, lo que dio el aspecto peculiar al cuarto evangelio. Así, la insistencia sobre Jesús como el Nuevo Templo, ¿no es una reflexión provocada por la destrucción del templo por Tito en 70? En ese caso, sería un mensaje posterior a la Guerra Judaica. La organización del libro acompañando las fiestas judaicas, la división del tiempo de actividades de Jesús en semanas: semana inaugural (Jn 1,19 a 2,1) semana de la pasión (Jn 12,1 a 19,42), la nueva creación (Jn 20,1 a 26), ¿no sería la respuesta a la reestructuración del calendario judaico por los rabinos de Jamnia?
¿Por qué preocuparse con fiestas y semanas? En Jesús, el tiempo encuentra su plena realización. La nueva creación ya comenzó. Cualquier lugar (Jn 4,23), pero también cualquier tiempo es lugar y tiempo de adoración al Padre en espíritu y en verdad.
La cristología joánica también revela una profundización muy grande de la persona de Jesús. El yo soy, constantemente atribuido a Jesús, revela una toma de conciencia de que el Profeta de Nazaret no sólo es el Mesías, sino también el Hijo de Dios, Dios mismo: Yo soy. Aquí, de nuevo, el cuarto evangelio se aleja de los sinópticos. Su cristología es el fruto de una larga meditación a la luz del Espíritu, otra presencia marcante en el Evangelio de Juan. El libro de los Hechos fue llamado ¡Evangelio del Espíritu Santo!, pero en realidad quien mejor y de manera más profunda nos revela el Espíritu, es el cuarto evangelio. El libro de los Hechos evidencia la acción del Espíritu en la iglesia y a partir de la iglesia. El cuarto evangelio revela quien es Él, como persona divina, procedente del Padre y del Hijo. Para Juan, el Espíritu hace actuar, pero sobre todo hace ser discípulo(a), hijo(a) de Dios. Esa presencia marcante del Espíritu en la comunidad, al punto de ser presentado como substituto de Jesús y su acción ser descrita en los mismos términos que fuera descrita la acción de Jesús (comparar Jn 14,26 y 8,42), revela un período cronológico más avanzado. La comunidad tomó conciencia de que su Señor no volvería de inmediato y de que es necesario caminar en este mundo en la fuerza, en la luz y en el impulso de su Espíritu, como Él caminó y realizó su misión.

3.3. Conclusión

El hecho de que el cuarto evangelio es bien diferente de los sinópticos, reveló sobre todo su progreso en el entendimiento de la revelación. Podemos constatar que en el origen (en el punto de partida) tenemos el patrimonio tradicional de la fe, principalmente cuando se trata del libro de la pasión, muerte y resurrección, probablemente los primeros acontecimientos de la historia de Jesús que han sido escritos. El texto actual nos transmite la reflexión madurada en la escuela joánica durante años y años. ¿Quiénes fueron las primeras personas en integrar ese grupo? ¿Qué origen tenían? ¿Qué mentalidad? Entre muchos otros, dos exégetas intentaron llegar a ese documento primordial.
R. T. Fortna presentó una tesis, en la que sitúa más o menos en los años 70 un escrito emanado de la escuela joánica. Según él, el texto es escrito en griego y reconoce a Jesús de Nazaret como Mesías. El evangelio, en esa fase, es esencialmente el evangelio de las señales: habría una introducción (el testimonio del Bautista), el libro de las 7 señales (4 en Galilea y 3 en Judea) y por fin el libro de la pasión, muerte y resurrección2.
A su vez M. E. Boismard presenta dos redacciones anteriores a la Guerra Judaica: una en los años 50 y la segunda entre los años 60-65. Las dos redacciones nacieron en Palestina y contienen más o menos lo que habría de más común con los sinópticos3.

Cada una de esas tesis, bien estructuradas, no consiguieron convencer plenamente a la mayoría de los estudiosos de Juan; existen todavía muchos puntos no aclarados.
En esta última parte de nuestra investigación, llegamos por lo tanto a Palestina —quizás a Judea y a Jerusalén— en los años que anteceden a la revuelta de los judíos contra Roma. ¿Podemos decir más? Quizás estemos entre grupos cristianos formados por judíos al margen del judaísmo oficial y en contacto con grupos como los bautistas y los samaritanos.

4. Las raíces del cuarto evangelio

Al final de nuestra investigación, estamos con suficientes indicios, pero también hemos visto que sería superficial querer, en base de tan poco, afirmar algo como hechos dados. Nos vamos a arriesgar a reconstruir las grandes etapas de la redacción del cuarto evangelio y así, intentar llegar a las raíces de la obra, a su medio ambiente.

4.1. Fin del siglo II

El testimonio, entre otros, de Ireneo de Lión, y del Canon de Muratori nos presenta el cuarto evangelio como escrito aceptado por la iglesia al final del siglo II. El libro ya hace parte del canon: “El cuarto evangelio es aquel de Juan, uno de los discípulos del Señor” (Canon de Muratori). La tradición de las iglesias hará del cuarto evangelio una obra atribuida al apóstol Juan, hijo de Zebedeo. Este habría terminado su vida en Éfeso, capital de la Asia Menor.

4.2. Inicio del siglo II

Tenemos un testimonio guardado por Eusebio de Cesarea, que nos viene del obispo Papías de Hierápolis, fechado más o menos del año 125 d.C. El afirma lo siguiente: “Yo me informaba de las palabras de los presbíteros, aquello que dijeron Andrés, Pedro, Felipe, Tomás, Santiago o Juan o cualquier otro discípulo del Señor; aquello también me dicen Aristión y el presbítero Juan, discípulos del Señor…” Eusebio concluye que las palabras de Juan son las palabras del evangelio, pero que existían dos Juan: el discípulo del Señor y el presbítero. Así, para él, el evangelio es del apóstol y el Apocalipsis del presbítero.
En esa misma época, en Egipto, sabemos que el libro de Juan ya estaba circulando, como atestigua el papiro P 52. La obra parece ser completa y reconocida por las iglesias, además de Asia Menor, donde posiblemente encontró su redacción final. El cuarto evangelio es recibido en la gran iglesia, pero en esa época comienzan a desaparecer las comunidades joánicas.

4.3. La redacción final

Sería aquella que incluye el capítulo 21. Por lo tanto podemos pensar que sólo en el final del siglo I el cuarto evangelio encuentra su estado actual. La escuela joánica se abrió a la gran iglesia, reconociendo la primacía de Pedro, pero introduce su escritura portadora del testimonio del discípulo amado.

4.4. Antes del fin del siglo I

El texto existente es marcado por la escisión creada por la Academia de Jamnia, en los años 80-90 d.C. En la oportunidad de esa fase de la redacción, la comunidad se encuentra en conflictos teológicos, eclesiales y sociales. A los cristianos perseguidos, conmovidos en sus convicciones, amenazados en su estabilidad social, el cuarto evangelio reafirma el valor de la fe y reconstruye su identidad. El escrito se destina a los creyentes (ad intra), pero guarda una dimensión misionera (ad extra).
Las comunidades están implantadas en un lugar, donde la presencia judía es muy fuerte, principalmente el judaísmo rabínico que se está estructurando con toda la fuerza. Aquí, podemos pensar que la escuela joánica está en Siria (así lo piensa Efrén, el sirio). Varios argumentos dan sustento a esa hipótesis. El hecho de que el cuarto evangelio explique costumbres y traduzca palabras de la cultura judaica, requiere un lugar, donde existe una presencia helenística significativa. Es en el norte de Palestina y en Siria donde se implantó el judaísmo oficial de Jamnia. Esa tierra es considerada también como la cuna del evangelio de Mateo. Allá están presentes también muchos círculos bautistas y heterodoxos del judaísmo, y se nota una fuerte influencia de las ideas gnósticas. Un último argumento: La persona de Pedro marcó esa región. Por eso había necesidad de valorar la figura del discípulo que Jesús amaba y salvaguardar su testimonio.

4.5. Antes del 70 d.C.

¿Qué resta de antes del 70? Sin duda el testimonio oral de uno de los discípulos, cercano del Señor Jesús, del grupo de los doce o no. Alrededor de esos testigos oculares se organiza un grupo que va haciendo memoria (en el sentido de actualizar el pasado en el presente del grupo) y así enriqueciendo el patrimonio recibido. Poco a poco van escribiendo para guardar viva la memoria. Es posible que antes del 70 ya había un bosquejo escrito de aquello que, muchos años después, vendría a ser el cuarto evangelio. Probablemente en ese bosquejo tenemos el libro de la pasión, muerte y resurrección según Juan, incluyendo la entrada triunfal en Jerusalén, la expulsión de los vendedores del templo y la unción en Betania. Hay, también, textos que se refieren a la conversión de los samaritanos (Jn 4), a la vocación de los primeros discípulos y la señal de la multiplicación de los panes, con el andar de Jesús sobre las aguas.
En la época de la persecución a los helenistas (Hechos 8,1-27) o también durante la guerra contra Roma, el grupo se traslada para el norte de Palestina y llega hasta Antioquía, donde da continuidad a su reflexión, expresando su fe delante de nuevos grupos y nuevas circunstancias. Lo que queda patente es que el texto del evangelio fue un texto vivo, sujeto a cambios, como viva era la comunidad que de relectura en relectura lo generaba.
Que podamos guardar nosotros, también, ese mismo dinamismo que hará del texto viejo una literatura siempre viva y nueva, capaz de transmitir mucha vida en la proclamación de fe en Jesús, el Cristo, el Hijo de Dios.
Que el paráclito, el Espíritu Santo, pueda conducirnos a la verdad plena de ese testimonio, ayudándonos cada vez más a entender y recordar todo aquello que el Señor y Maestro quiso transmitirnos de aquello que aprendió junto a su Padre.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Datos personales

Mi foto
Loco por Jesucristo y por su Reino.